miércoles, 3 de agosto de 2016

Inténtalo.

Ayer busqué mi antigua libreta de poesía. Estaba entre el polvo y los recuerdos, en el tercer cajón donde solía guardar lo salado de las lágrimas. Olía a tinta desgastada y llena de destrozos, seguramente merecidos por mi excelente estupidez. Cada verso flotaba entre la bruma ocre del cigarro. Leí y leí hasta que me sangraron los ojos, hasta que me cansé de la oscuridad de esa cueva. 
Casi podía notar el sabor amargo. Caminé entre ruinas y nubarrones durante una hora. Me sentía tan inmerso en mi propia miseria que apalabraba con mi sentido una tregua.

Por un momento sentí orgullo, el resto del tiempo me inundaba mi propio dolor. Y casi ahogado, con el agua al cuello, me convencí de mi no estancamiento en el fango. 

Encendí la llama de nuevo por la urgencia de la situación, prendí otro, éste más sosegado. No cesaba de preguntarme si era realmente yo quien vagaba por los parques y las tumbas aquel año, y curiosamente era yo. Yo y mis ganas de salir de aquí, de servir a la creatividad y perpetrar la metamorfosis de mi alma, en alma. De aniquilar al niño y topar con el hombre.
Parecía fuego en busca de respiración. Aquél que baila en plena combustión, en lucha constante con la extinción.
Casualmente no existía llama, sólo ceniza. Un delirio he leído, un imbécil lo ha escrito.
Y así me sumergí en aquel foso de mierda, ni siquiera sé como sobreviví a los cortes de miocardio.
Fue la tormenta antes del silencio. Mi cabeza despertó pero mis vísceras tocaron fondo. Casi podría decir que llegaron a la total inmunidad, y es que cuando hablas de un corazón herido comienzas a escribir con renglones torcidos, y más en mi coma no lucrativo donde lo único beneficiado eran mis ojeras.
No dormía, apenas comía, ni tan siquiera reía.
De esa época no guardé recuerdos, tan sólo lo escrito, que bien podría arder en las brasas.
Ayer sentí lo que debía sentir entonces exponenciado al número de años recorridos.
Quizá sea cancerígeno escribir sobre ello pero parece que es lo único que se me da bien, reírme de mi pasado.
Fue tan trágico como necesario, ver que no había nacido para pensar sonriente sobre lo bien que iban las cosas, ya que como se sabe, la gente que escribimos, o que por lo menos lo intentamos, a parte de no ser justos con nuestras propias "obras" y tener la autoestima de una piedra, no ajustamos nuestra auto-percepción con nuestro deseo. No buscamos la realidad sino la perfección. Y no la perfección hecha realidad sino una un tanto distinta, un prototipo lleno de acertijos que sólo nos conducen a la magnificencia. Y no porque desconozcamos la imposibilidad de la no imperfección, nos sentimos cómodos en el limbo entre la búsqueda de la perfección y la perfección en sí.
Es esa frustración la que nos hace centrarnos en el conocimiento de lo desconocido y llevarlo a cabo, en ese andén solemos nadar, entre la incertidumbre de nuestra verdadera capacidad y la opacidad de nuestro recelo. ¿Qué coño buscamos sino la culminación de nuestra mente? Incluso mi ego me lleva a reírme de los seres sonrientes que no son capaces de mirar más allá de sus paredes, que se creen videntes y viven pasivos ante cualquier estímulo intelectual. Qué cojones van a desarrollar más que su idiotez y simpleza. Se consideran felices porque no perciben el mundo que pisan y precisamente éste les moldea hasta construir maniquís de feria vestidos con piel de robots lobotomizados en masa.
Me produce asco la sencillez, los héroes, los traficantes de amor, la televisión y sus súbditos, los no sarcásticos, los alabadores de dioses inexistentes, el fanatismo injustificado, las esposas y los bozales, los augurios, los hospitales, los desmerecedores de una mente, la inmoralidad, la insensatez, lo irracional, lo estipulado y lo manipulado. Odio la falsa sabiduría y la falta de educación. Odio el mundo y sus descendientes, odio el positivismo, odio la sociedad, odio tu odio a lo diferente. Por odiar odio hasta el pie fuera de los límites de una sábana y la gota de agua que cae tras apagar la ducha. Odio lo material si no lleva detrás una idea patentada tras estrujar una teoría. Odio lo imperfecto cuando puede ser perfecto. Me odio, pero también me quiero. Rectifico, me quiero, pero lo suficiente como para poder odiarme de vez en cuando. 
Te quiero, pero lo suficiente como para no poder odiarte. Ya que el amor es imperfecto, pero en el mio no hay cabida para el odio, únicamente para la devoción. Ya que la alabanza propiamente dicha, como ya he expuesto, me produce asco, pero la alabanza a la persona que amo no esta dentro de mis pretensiones de asco, y menos si la persona a la que amo eres tú. Porque si algo me has enseñado es que sin ti estoy perdido. Parece que mi salvación es amar a una mujer, y sin ninguna duda esa eres tú. Me he convertido en un fanático de tu dulzura, tan sólo me queda seguir el guión y no tropezar con mi propio vértigo.

Y así, como el lobo que aúlla, aullé para convertirme en lo que soy, la imperfección hecha persona, en busca de complacer al resto de imperfectos con mis frases mal tildadas y mis ideas mal estructuradas, al fin y al cabo, la perfección, como ya he dicho, es inalcanzable. 

Y sin quererlo, un breve viaje a lo olvidado ha acabado siendo un nuevo acertijo. Puedes intentar descifrarlo. En el caso de que no lo intentes, ya sea por vagueza, por simpleza o por conformismo, déjalo, este no es tu sitio.

jueves, 28 de julio de 2016

Grillos

Hoy he salido de cuentas, y por decirlo de alguna forma he pagado mis deudas. He mantenido mi inquietud como quien sonríe a la muerte sin pestañear. Jamás encontré el espejo de mi alma hasta que conseguí caminar sobre brasas e infierno.

El rumor del arisco viento veraniego seduce mi pintoresco gesto risueño y me cuenta un cuento difícil de contar. Habla del pecado original, como mirlos jugueteando con el horizonte me comenta que prepare mi maleta, que el viaje va a ser largo. 

Desde entonces no me importa encender la luz, ni obviar las agujas, no me importa comprar un te quiero, ni vender un perdón. 
Cierro los ojos y me resulta extraño ver claridad donde antes había oscuridad. Claro que la facilidad oprime mis capacidades de aflicción, escasas actualmente. La sal ya no escuece, ya no duele. Ya cosí el descosido de mi piel y no fue para tanto, los "adultos" ni si quiera tenemos lágrimas. 
Ayer volví a mirar la Luna, ayer volví a mirar sus escamas escondiendo la perfección de quien sabe que esto no tiene fin. También protege sus ruinas cerebrales, sus grietas temporales. 
Ha aprendido a mojar mis labios y a no quemarse, a mojar mis labios y no quemarme, ha aprendido a quererme, y no matarse.
He llegado incluso a considerarme asesino por las cosas que rompo, pero la estupidez me ha dado un respiro, he cambiado de profesión. Me da fatiga no querer, me angustia el silbido del que anda sólo en una habitación vacía con el eco de sus pensamientos rugiendo. Me parto en dos si llueve descoordinadamente y sus alas no se mojan por igual, el vacío esta muy cerca, y la salvación también.

Quiero ser apoyo, trapo, verdugo, maestro, chef, mago, escapista, jurista, azúcar, veneno, serpiente, valiente, perenne, beodo, sabio, fiel, daga, escudo, mochila, oasis, agónico, tenaz, hábil, ladrón, mordaz, reloj, arena.

Quiero entender su experta inteligencia y su viva dulzura, y en tal caso agarrarla con un sin fin de posibilidades de salvación. No es posible morir en el intento ni caer en locura porque su resplandor brilla más que cualquier otra cosa. Su voz es un cantar de grillos coordinados en una serenata nocturna. Su olor es un reflejo de la exquisita excelencia lindando con la paz alborotada. Llamé a la puerta, y aquí estoy, vine para quedarme. Enséñame ese tango suicida, quiero aprender.
Tanto me ha cambiado que soy feliz, cuando la veo o cuando la pienso, cuando me toca o cuando susurra, tanto me ha cambiado que soy feliz. Sigo escuchando las olas del mar, donde comprendí que no hay más allá, después de ti.

Gracias, no es fácil enamorar a lo que antes era una estatua de sal.

miércoles, 15 de junio de 2016

Rfx

Quisiera hablar de mi retrospectiva, de mi sufrimiento retrospectivo. Ya no es por el uso excesivo y pomposo de la retórica, pero me satisface embellecer las palabras, incluso cuando hablo de violencia.
Quizá en esta época la sucesión de golpes y genocidios se derive de un soplo de estupidez en la nuca del hombre, pero es evidente que la frecuencia de estupidez se convierta en biología, y la ausencia de ésta en virtuosidad. Si ya de por si la virtud entraña gustosos calificativos, en este caso la ponderación es brutal.
¿En qué nos hemos convertido? La violencia ha sido inherente durante todo nuestro ciclo pero, bajo mi punto de vista, antes solía tener causas, normalmente irracionales a mi juicio, pero causas. Siempre se hizo enlace entre un objetivo y la violencia como magnitud referencial de esta meta. Ferocidad y lucha mostraban atisbos de victoria, e incluso hombría. Que se le va a hacer, de algún recoveco debe venir la idiotez. Pero lejos de juicios morales, la violencia era un arma de conquista, de poder, de rebeldía. Pero no quiero hablar de esa violencia, quiero hablar de la estupidez humana, es decir, de la violencia contemporánea. Si, así es, parece creación del siglo XXI y efectivamente lo es.
Seguramente desvaríe y salga a dar un paseo fuera del tiesto de la realidad pero puesto a hablar sobre "gilipolleces" me lo voy a tomar en serio. Normalmente el placer viene respaldado por actos o cosas agradables, diría que incluso algunos son universales. Otros son infrecuentes, teatrales. Los hay carnales, asociados a la acción, al miedo, a la adrenalina. Pueden asociarse a la adicción. Los hay adictos al crack, a la heroína, al sexo, al juego, al dolor, al reggae y al jazz, y cómo no a la violencia. Exacto, el placer de asesinar, dañar, juguetear con el pánico social. Pero quiero ir más allá, ya no sólo hablo del placer concentrado en el acto, sino del placer motivado por el sufrimiento ajeno, por visualizar desconsuelo, penuria, tortura.
Quizá ya no sean los golpes, sino los crochets psicológicos. Hoy cualquiera puede conseguir placer, se vende barato, pero justo han escogido el más costoso. Observamos, sentados en nuestros cómodos sillones, cómo seres humanos pincelan cuadros sangrientos en cada telediario, sintiendo cada toque de pintura. La sangre esta fresca, y nosotros sacamos la lengua. No digo que nos alimentemos únicamente de violencia social, pero es capaz de saciarnos como cualquier orgasmo en mitad de la madrugada. Nos gusta la violencia, amamos la violencia, incluso llegado un punto de privación total de esta droga, pagaríamos por violencia. 
¿Cómo se erradica esta masa de hienas hambrientas? Si estuviera clara la causa de la violencia, existiría una mayor facilidad, pero el mayor rompecabezas es el sinsentido mundial respecto a este tema. Incluso podría catalogar a la violencia de necesidad. Antes las personas si sentían apatía, o incluso tedio, jugaban al ajedrez. Hoy, organizamos un festival de fuegos sangrientos y nos vamos a dormir. Igual el ajedrez dejó de ser divertido. Igual el "ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego" cumple las expectativas de Gandhi. Igual el exterminio humano esté en casa.

Por mucho que busque conclusiones son demasiado retorcidas y desagradables. Lo peor que se puede perder es la razón. Una mente irracional puede ser causante de los peores desastres mundiales, pero un mundo irracional puede ser aun más caótico, incluso más que jugar al ajedrez.

sábado, 14 de mayo de 2016

6.

Llámalo pericia, fatalidad, incluso fortuna caminar sobre la cuerda floja. Mirlos sobre el tendido, nenúfares en el fango. Pétalos que caen, apóstoles embusteros en busca de algo, que ni conocen. 
Redobles de sirenas en el océano, pumas en los Balcanes, tornados en Madrid. 
Llámalo raro. El destello del faro, la esfinge solitaria, la ninfa desvestida, la ruina oxidada.
La reina en tirantes, el rey destronado.
Es retorcido, coger los estribos, arder el frío. Búscame perdido cuando lo ordene el tiempo, me largué sin reloj y con un cigarrillo.
Quiéreme del revés. 
Mis latidos sincopados, mi belleza, marchitada. Mi flor en barbecho, el sueño, tachado.
Forja los añicos del espejo, quizá veas mi reflejo. Quizá no. Quizá reconozcas mis ojeras, quizá compartas la ilusión. Vísteme despacio, que tengo prisa. No corriendo, no pienso poner la zancadilla.
Llámame valiente o sin alma. Cántale al rocío o a la noche, al murciélago o a la hormiga, al sudor, o al desprecio.
Miénteme si vengo con reproches, incluso si pido explicaciones. No quiero verdades, quiero falsas verdades, me gustan los acertijos.
Me gusta tu boca, tu voz, tu llanto y tu olor. Tu piel y sus asperezas, tus dedos, su delicadeza. Tu pasado remachado, tus ojos enamorados. Tus colillas en el cenicero, tu insomnio crónico y tu dolor permanente. Tu sangrado en repetición, hasta tus días de guillotina. Tu café amargo. Tus dientes largos. Tu cicatriz. Tu costura. Tu factura caducada. Tu mirada subastada. 
Tú, el enigma de tu tristeza, la razón de mi mueca.  
Llámame holgazán, farsante, risueño, lobo desquiciado, tacaño, aburrido, apagado, intenso, faquir, mentor. 
Cúrame el corte con saliva, el periplo de mi historia anda escondido entre el musgo.
Quítale al creyente sus ínfulas, resolverás el misterio.
Llámame amor, responderé.


jueves, 5 de mayo de 2016

La semilla.

Miro por la ventana y les observo,
no me gustaría estar en su piel me digo.

Es más, 
si fuera ellos desearía no haber nacido,
pero que mas da, 
no conocerán otra realidad.

Ésto es pequeño. Apenas mi habitación sostiene unos pocos libros, la mayoría cubiertos de polvo. Se salva el perfume de mi cama. Los rostros cubren mi pared como deseando ser recordados, me echan de menos. Yo a ellos no, ni les recuerdo.

Puede sonar algo retorcido pero hasta siendo un hijo de puta, a veces éste siente piedad. Sentir como las cucarachas entra por tus oídos y se comen tus sesos, y al fin y al cabo, el hijo de puta siente dolor.
Muerden y muerden hasta desgastar la valla de seguridad. Sabéis, ¿no? Aquella que provoca inmunidad a la culpabilidad. Te protege de zorros nocturnos con pelo rizado. Bien, pues cuando esa valla se va a la mierda tienes un deseo irrefrenable de juzgar tus palabras. 
Esta vez no son de película de terror ni tampoco lirios, como los de Bukowski. Podrían asemejarse a una mezcla entre osezno y lobo hambriento. Mientras uno escarba con sus garras, el otro clava no sus colmillos, sino sus ojos.

Pudiera ser que no encontrara el quinto elemento y no entendiera nada, como es el caso. Que recae en continua niebla cada vez que el público se vuelve en su contra y le regalan espinas, nada de rosas.

Pero también pudiera ser que la retroalimentación de culpabilidad tuviera tallo y semillas. Nos pasamos la pelota. Y me decanto por la triste planta, total, sólo es una triste planta. 

Siempre se pone el paraguas por no hablar de su gruesa piel, un tanto reseca. Es como el completo conocimiento del verso, de cabo a rabo. Posteriormente viene el lamento acompañado de sopesar. 
No creo que sea rencor, ni tampoco antipatía, sólo fobia y un tibio pasado. Y es triste, claro que lo es, ver un rostro apático cuyo única intención sea no cruzarse en tu camino. El problema es que cruza las calles demasiadas veces, y así se transforma en algo utópico. La metamorfosis de la carne, en carne.
La metamorfosis del estorbo, en obstáculo.

Pagaría por conocer el germen, y el posterior contagio. ¿Fue una lluvia ácida de complejos? ¿Al huir tropezó con el miedo? ¿O conoció lo desconocido y chascó su sonrisa? Vaya fiasco.

A veces pienso como sería entrar en un ataúd aún vivo. Y verdaderamente, el hedor a malvas sería terrible. Pese a todo ello, su alterego ha construido un establo en ese estado mental. Es la viva imagen de una rama rota por un misterioso rayo. La incógnita es el rayo. Tuvo que ser un huracán de hachazos mentales, o peor, de quemaduras sensoriales.
El problema de las quemaduras no es tanto el dolor como la huella en la piel. No es el hecho del descosido sino el de mirar de reojo la cicatriz, porque no puedes mirarla de frente. No es el hecho de correr, sino a dónde.
A juzgar por su puzle, faltan piezas. Las ha escondido por no verlas, como jugar al escondite con flexo.
Poco a poco empiezo a entender, pero, es tarde, ¿verdad? Si ya no puedo sanarle, es tarde.

Encerrado. Quizá no tuvo suerte con sus tres peones del tablero. Cascarrabias y malhumorados, ansiosos por ser islotes, insolentes, malos poetas, refugiados de la soledad. Lo mamas desde tan arrugado que te cansas a las primeras de cambio. La esperanza escapó de sus manos, voló la esencia, como el efecto del azúcar flotando en el café, un engaño.
El consuelo está en lo menos malo, en el amor. De eso si que no hay duda aunque ya no den mordisquitos en los pellejos de sus labio.

Tras montones de teorías y hornadas de discrepancias, desconozco la correcta. Vivir con una nube de sombrero no debe ser muy gratificante. Ser un incomprendido mientras tu virtud es in-comprender, tampoco lo es. Como una lucha de espadas, las dos melladas. 

Y estrujando mis inquietudes, aleteo, quizá la pluma reviente. ¿Recordáis al hijo de puta? Se despide. Quizá, deje de ser azúcar en su vida. 

Café sólo por favor.
 

viernes, 22 de abril de 2016

Desde que besó mis grietas.

Pintémoslo como un frenesí en un lienzo rasgado, tan sucio que apenas los trazos alivian mi dolor y tan horrendo que los pétalos de su flor son malva y su savia sangre con escarcha. Y si, habló de mi.
Vengo a hablar del trayecto perdido, de sus torpes tropiezos en pozos vacíos. Del cruel pasado y del valioso deseo. 
Vengo a hablar del lienzo maldito hoy desinfectado con saliva. Ya que la sal poco pudo hacer. Parece que sólo hacía falta un poco de amor.
Hoy vengo a hablar de la barba desaliñada y de su masacre, además del corazón invertido. De su mente atestada de quimeras y culebras traicioneras.
Hoy vengo a hablar del silencio, del compás sucesivo de su figura. Del follaje abandonado. Del bosque opaco. 
Ya no cuento cuentos con sangre entre los dientes, ni me dedico a lijar mi mejilla con aquella cuchilla candente. Ahora sólo brindo dulzura a quien quiera rozar mi piel. 
Hoy vengo a hablar de caricias. De las suyas. De su extrema belleza y del éxtasis del conocimiento.
Grito desorden pero eso no es posible, Ordena mi mente, sólo encontraras un poco de polvo.
Hoy vengo a hablar del entendimiento humano, no de humanidad. Es como entrar en una caverna decorada con lirios, pero con antiguos cortes. 
Hoy el lienzo recubre mi pared. Hoy los suspiros, antes estacas, ya no maltratan al descosido hombre triste. Hoy, me salvan del suicidio y agrietan el ruido.

Hoy su suspiro, es mi respiro. 

Qué dirán los infelices de semejante delirio. A ellos qué les importa, viven engañados, creen que la salvación está en robar la tinta al poeta, aún estando envenenada. 
Es más, ¿quién quiere robarle versos a un poeta? Al fin y al cabo, la locura a quien pertenece más que a ellos. Son pálidos y tienen ojeras. Y por no hablar de los cristales rotos que pisotean. Venden ideas alejadas de la realidad. Buscan una musa que ni si quiera merecen. ¿Y si hablamos de sus espinas?¿Y de la llama de su mechero? ¿arde verdad? 
¿Y tú? ¿Te quieres quemar?

martes, 29 de marzo de 2016

No entres dócilmente en la buena noche

No engañes al abismo con tu vértigo, aún que sólo sea el fiel descaro de tus intenciones.
Muestra tu dictadura a tus fieles, vive deprisa, muere despacio, muerde el silencio y mata vilmente hasta que el más ínfimo latido engulla al océano.
Recita poesía como el que besa unos labios, hasta desgastar la tinta y empapar el papel.
Fuma de pipa haciendo surcos de dolor con el humo de la tristeza, y ahí, conocerás el delirio de grandeza.
Sea por delicadeza o simplemente por la espesa bruma del rocío, salta al vacío, el abismo es un traspiés en manos del poeta.

domingo, 20 de marzo de 2016

Dame un pedazo

Dime si este frío es pasajero, dime si volveré a vivir con hambre de coger el lapicero.
Dime por favor que precio ponen a mi cabeza, si el verdugo anda de copas limando sus asperezas.
Cuéntame la historia del amor y su condena, de soñar entre grilletes mientras el corazón se quema.

Dime la razón por la que cuelgo del tejado, pídeme caricias sin mirar para otro lado.
Háblame de tu mordaza, de la sal en la herida, del brillo de tus ojos, de los cortes de mis labios.
Sácame el veneno, dame tu aliento, y quédate el resto.
Hoy el verso me da un respiro, simplemente afila su navaja.

Quince rosas atadas al recuerdo. Te advierto de sus espinas y de las huellas del camino.

Hoy me desvelé resignado por mi alegría añorando mi fantasía. La visión del insensato tortura la lejanía.

Quiero probar tus días. Acostumbrado al eco del vacío...


sábado, 5 de marzo de 2016

C.

Aguardo un nido de colibrís en mi cabeza. Siento el cosquilleo de su aleteo cada vez que despegan.
Mordí la manzana y salieron gusanos, moribundos con hambre de miedo, atraparon mis sueños al vuelo, y sin mas miramientos, cayeron en la trampa de la tinta y el fraseo. 
Aprendí que la razón es la savia de la cordura, y el corazón las raíces del fracaso. De vez en cuando cambian los papeles y los arrojan a las llamas. 

Por momentos pienso en la escarcha de mi sangre, taponada por el estruendo de la realidad. Otras, fantaseo con ser diferente para así poder rozar con mis yemas la lejanía de mi inseguridad.

Hasta los necios sonríen a la mañana ante una nueva oportunidad de malicia, sí, sonríen. Hasta el anciano canoso postrado en la barra de un bar mira con fortuna su esperada muerte. Hasta el imberbe marchito ve su castigo como una victoria más. Hasta la más bella flor del campo santo sostiene con el recuerdo su encanto. Incluso la niña hasta arriba de ofensas y burlas encuentra satisfacción en la voz de su madre. Hasta el pobre enfermo descarrilado se topa con los labios de una dama, y sí, sonríe.

Aún vistiéndome de consejero, mis palabras serán sordas para oídos necios y marchitos. Sólo servirán para oídos tristes con el corazón despierto, para el inconforme y el titubeante, para el rehén de la nostalgia y su tripulación.

Aún quitándome la ropa, siento frío y dolor.

Aún vistiéndome de afortunado, a quien quiero engañar, sigo durmiendo con el pasado a mi lado.


sábado, 27 de febrero de 2016

La Bohème distrait

Arráncame la piel a tiras, deshilacha mis recuerdos y resquebraja mis sentidos, un silbido en mi cabeza que habla de juerga y esperpento, de amor y de belleza que me provoca espasmos llevaderos, neuronas perdidas en busca del futuro y su desdicha, incluso sin tener en su agenda al presente. 

Hoy secuestro a las dudas y las alimento con hojas secas, me replican mi cordura y mi vagueza, mi falta de extravagancia. Engullen titubeos al más mínimo amago, cometiendo el error de escupirlos. Trago saliva, mis labios se marchitan. Florecen las ideas mientras tarareo primavera. Tras un vendaval de suspiros y tres o cuatro latidos sincopados mi faro se ilumina y la marea me acompaña a la orilla. Las conchas andan de paseo y la arena se agolpa por rozar mis pies descalzos. 
El rocío de la mañana desvaría, dice que es de día y me desvela. 
-Ayer te vi morir entre mis sábanas de lira, donde lo onírico renuncia a la corona. ¿Qué te ocurrió? ¿Tropezaste con la vida y sedujiste a la muerte?
No.- dijo el sabio- Claudiqué al amor.
- ¿Por qué cometiste tal disparate?
- Los escritores de verdad no saben ser felices. 

jueves, 4 de febrero de 2016

Amor crucificado.

Apenas un instante y cae del cielo. Con sus canas grisáceas y su piel escamosa, con sus vicios insanos y el alma rota.
Apenas un instante y recuerdo su llanto, triste y sobrio, mientras ardía su cigarro.
Apenas un murmullo y deliro entre sus brazos, tenues y consumidos por el paso de los años.
Apenas un ladrido y mi piel limita con el recuerdo, cuando la mañana te cogía en brazos y nunca te soltaba.
Desde que no estás el silencio se solapa, el pasillo advierte de tu retiro, Noviembre echa el ancla y se cuela en mi cama.
Desde que no estás mis sueños son sombríos, tus venas me recuerdan que el tiempo pasa, y que los años pesan.
Llegó el día que la marea te llevó y dijiste adiós. Adiós a las pupilas enamoradas y a mis malos modales, a mis risas nocturnas y a vuestras riñas insoportables, a tus caricias sinceras, a tu mirada cómplice, al cristal roto, al reflejo punzante.

Llegó la noche en la que me vi sólo, con un par de monedas y mis entrañas vacías. Mis sueños repetían miseria y melancolía. Vivía de la limosna de unos pocos desgraciados, creían en mi salvación, les sobraba descaro. Quítate los zapatos. La tristeza me muerde el labio y dice que rezar es secundario, que suspirar es de cobardes y que cierre con candado.

Así que partió sin rumbo fijo hacia el mundo de los olvidados. Yo me mantuve apartado, rezando a un dios que no me hacía caso y desnudando mi memoria a cada paso, sintiéndome preso de mi amor averiado, ya que sin ti, ¿tengo reparo?





viernes, 15 de enero de 2016

Disparos del alma.

Entre la eterna duda de la pluma y su tesoro, de la calma y su desdicha, concibo la esperanza de surcar la bruma y caer en el delirio.

Mientras el rocío susurra a la mañana, mis dedos se vuelven tibios, se vuelven estacas para cualquier corazón vacío que se precie. 
A veces testigo a veces asesino. A veces razón, otras corazón, pero qué dirán los que murieron en el camino, los que desfallecieron ante la posibilidad de cometer el crimen, los que creyeron ser ciegos en un mundo de tristeza, los que alivian su sed con gotas de penuria, qué dirán aquellos, si volaron al conocer su sentencia, la del olvido.

Cruzando el estrecho, mi mente reclama un trozo de cielo. La batalla perdida de siempre. Mientras Alma lucha contra Miedos, Razón cae en codicia y rescata a Inseguridad. Lo desconocido vuelve a trinufar, engulle la realidad y lo convierte en misterio.

Y qué mas da si el dolor suprime al poeta, si el folio se mancha de sangre y lo llena todo de vísceras y entrañas. Qué necesita el poeta más que suspiros de identidad y desbordante belleza estética. Si tan sólo el verso se atreve a lidiar con la soberbia del poeta y su descaro desmedido. Porque sólo el poeta sabe de la muerte, cuando sus versos disparan con las balas de un alma desnuda.


Tras el insólito vaivén de sus tacones, acaricio sin querer el sabor de la amargura, queriendo sin querer el motivo de mis dudas.