domingo, 5 de noviembre de 2017

Tocado y hundido

Entre el ocaso y las vicisitudes del fracaso he visto pájaros muriendo con las tripas fuera y el corazón abierto. Qué clase de broma ha roto este ruido, porqué vagamos a oscuras martilleando el candil, en qué mundo vivimos tan lleno de miedo y que recita verso a verso canciones de niebla y hollín.

Tanto remilgado ahonda en lo inexplorado que recién salí del paso me ahorqué con mis propias manos. Tanto rebuscado que presume de bandera y en los bajos fondos del palacio coquetean con sabios de primera.
Por lo demás deduzco que el hogar se sobrelleva y que el negruzco olor que desprende la sociedad aún no quema. Qué demonios hemos hecho para arder entre pinares y papeles de moneda, entre garnacha y papiros variados, quedando únicamente un par de rastrojos para reconstruir un imperio honesto. A la vuelta de la esquina se posicionan los pudientes, con dientes relucientes y corbatas de madera que a la par que ensalzan apuñalan, y qué valientes afrontan las tormentas tras muros de hormigón, mientras a otros se los lleva el viento en casas de cartón.
Que bonito es el progreso invisible que deben de estar viendo y que triste es la realidad que nos estamos comiendo.
El desorden es belleza en los ojos de un necio que recuerda que su vida no vale ni veinte euros, también es descaro ante los ojos de un mundano escritor, que prefiere almas rotas que almas vacías. En qué sentido se dirige la rotación del nuevo mundo, silencioso y aniquilador, benévolo y justiciero, tramposo y farragoso, tacaño e impaciente por ver las tierras de secano inundadas por torrentes. Qué espera al ser humano más que botellas a la mar y maremotos embotellados en licor barato, despilfarrando rencor en el rincón de un barco a la deriva que designa inocentes para convertirles en culpables. Qué nos depararán los insensatos que con un dedo pueden deshacer países a cenizas, qué harán los nómadas sin brazos que les reciban, qué haremos nosotros más que reírnos y quemar billetes en cerillas capitalistas. Nos quedará el silencio roto de los llantos de tantos que sufrieron las injusticias de un planeta suicida, autómata en esto de matar y perdido en esto de amar.
Nuestro planeta es el mismo que tras un revolcón se tapa los ojos para ver mejor, aquel que por un mundo peor lo haría todo, aquel que callado está más guapo, aquel que ante el sonido de un cencerro decide cortar una cabeza antes que razonar un poco, aquel que no permite una vida sin excesos y prefiere oídos sordos, aquel que usa cubertería de plata y oro a la hora de comerse el pastel.

Bendito el ser humano que inhale cenizas mientras los monstruos nos dan las buenas noches.

martes, 5 de septiembre de 2017

De tanto en tanto

He vuelto a entrar en la vereda,
de escribir canciones de cualquier manera,
a tirar los sentimientos a la hoguera,
y a quemar rastrojos cuando quiera.
He vuelto a juntar monedas,
de tacto marfil y de madera,
a robar noches en vela,
y a sentir de nuevo que mi coco vale la pena.
Junto estructuras a la carrera,
sin mirar adelante como Ayton Senna,
con aroma a otoño en la chistera,
y a soñar despierto mientras pueda.
He vuelto al juego de primeras,
mientras transformo las banderas en teoremas,
me rencuentro con la sordera,
que escucha lo que quiere y recita en mi parcela.
Mezclo sobriedades con cantinas de chacales mientras saco los puñales de cantares improvisados. Vuelo encima de ciudades y chabolas, la luna pidiendo que aterrice en mi hipotálamo, y el sudor de mis manos reclamando miedo y pánico. Viendo las farolas de mi barrio acomplejado, resonando en mi tejado compases de primer grado, planeando chiquilladas que cuento y después ni hago, soñando loterías entre vías degollado.  Llenando mis pulmones de tóxicos intoxicados, y el vecino del cuarto haciéndose el despistado, gastando gasolina por cada metro cuadrado, marcando las pisadas que dejo cuando resbalo.
Tronando desde ayer en mi cuarto sin descanso, juristas advirtiendo que algo me está matando, sofistas relatando problemas que me la traen al pairo, mañana cuando amanezca nada será para tanto.
Cazando sabandijas que asoman de vez en cuando, inyectando sangre a santos putrefactos, viendo morir a tantos en guerras de odio y sin embargo, que peso le damos al amor que desplegamos.
Sufriendo desde niño por imbéciles del tres al cuarto, riéndose de mi de tanto en tanto, degollando mi tristeza en días que ni levanto, escribiendo penurias que escondo bajo mi manto.
Me estoy meciendo en un ataúd a cal y canto, resonando tambores de nómadas anestesiados, recortando a quemarropa fotos y la luna menguando, recordando sombras de antepasados desdibujados. Apriétame las bridas antes de que reviente, con muchos criticando mi forma de ver la muerte, cuantos alegando que nada es para siempre, y aquí estamos tu y yo, viviendo hasta siempre.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Inténtalo.

Ayer busqué mi antigua libreta de poesía. Estaba entre el polvo y los recuerdos, en el tercer cajón donde solía guardar lo salado de las lágrimas. Olía a tinta desgastada y llena de destrozos, seguramente merecidos por mi excelente estupidez. Cada verso flotaba entre la bruma ocre del cigarro. Leí y leí hasta que me sangraron los ojos, hasta que me cansé de la oscuridad de esa cueva. 
Casi podía notar el sabor amargo. Caminé entre ruinas y nubarrones durante una hora. Me sentía tan inmerso en mi propia miseria que apalabraba con mi sentido una tregua.

Por un momento sentí orgullo, el resto del tiempo me inundaba mi propio dolor. Y casi ahogado, con el agua al cuello, me convencí de mi no estancamiento en el fango. 

Encendí la llama de nuevo por la urgencia de la situación, prendí otro, éste más sosegado. No cesaba de preguntarme si era realmente yo quien vagaba por los parques y las tumbas aquel año, y curiosamente era yo. Yo y mis ganas de salir de aquí, de servir a la creatividad y perpetrar la metamorfosis de mi alma, en alma. De aniquilar al niño y topar con el hombre.
Parecía fuego en busca de respiración. Aquél que baila en plena combustión, en lucha constante con la extinción.
Casualmente no existía llama, sólo ceniza. Un delirio he leído, un imbécil lo ha escrito.
Y así me sumergí en aquel foso de mierda, ni siquiera sé como sobreviví a los cortes de miocardio.
Fue la tormenta antes del silencio. Mi cabeza despertó pero mis vísceras tocaron fondo. Casi podría decir que llegaron a la total inmunidad, y es que cuando hablas de un corazón herido comienzas a escribir con renglones torcidos, y más en mi coma no lucrativo donde lo único beneficiado eran mis ojeras.
No dormía, apenas comía, ni tan siquiera reía.
De esa época no guardé recuerdos, tan sólo lo escrito, que bien podría arder en las brasas.
Ayer sentí lo que debía sentir entonces exponenciado al número de años recorridos.
Quizá sea cancerígeno escribir sobre ello pero parece que es lo único que se me da bien, reírme de mi pasado.
Fue tan trágico como necesario, ver que no había nacido para pensar sonriente sobre lo bien que iban las cosas, ya que como se sabe, la gente que escribimos, o que por lo menos lo intentamos, a parte de no ser justos con nuestras propias "obras" y tener la autoestima de una piedra, no ajustamos nuestra auto-percepción con nuestro deseo. No buscamos la realidad sino la perfección. Y no la perfección hecha realidad sino una un tanto distinta, un prototipo lleno de acertijos que sólo nos conducen a la magnificencia. Y no porque desconozcamos la imposibilidad de la no imperfección, nos sentimos cómodos en el limbo entre la búsqueda de la perfección y la perfección en sí.
Es esa frustración la que nos hace centrarnos en el conocimiento de lo desconocido y llevarlo a cabo, en ese andén solemos nadar, entre la incertidumbre de nuestra verdadera capacidad y la opacidad de nuestro recelo. ¿Qué coño buscamos sino la culminación de nuestra mente? Incluso mi ego me lleva a reírme de los seres sonrientes que no son capaces de mirar más allá de sus paredes, que se creen videntes y viven pasivos ante cualquier estímulo intelectual. Qué cojones van a desarrollar más que su idiotez y simpleza. Se consideran felices porque no perciben el mundo que pisan y precisamente éste les moldea hasta construir maniquís de feria vestidos con piel de robots lobotomizados en masa.
Me produce asco la sencillez, los héroes, los traficantes de amor, la televisión y sus súbditos, los no sarcásticos, los alabadores de dioses inexistentes, el fanatismo injustificado, las esposas y los bozales, los augurios, los hospitales, los desmerecedores de una mente, la inmoralidad, la insensatez, lo irracional, lo estipulado y lo manipulado. Odio la falsa sabiduría y la falta de educación. Odio el mundo y sus descendientes, odio el positivismo, odio la sociedad, odio tu odio a lo diferente. Por odiar odio hasta el pie fuera de los límites de una sábana y la gota de agua que cae tras apagar la ducha. Odio lo material si no lleva detrás una idea patentada tras estrujar una teoría. Odio lo imperfecto cuando puede ser perfecto. Me odio, pero también me quiero. Rectifico, me quiero, pero lo suficiente como para poder odiarme de vez en cuando. 
Te quiero, pero lo suficiente como para no poder odiarte. Ya que el amor es imperfecto, pero en el mio no hay cabida para el odio, únicamente para la devoción. Ya que la alabanza propiamente dicha, como ya he expuesto, me produce asco, pero la alabanza a la persona que amo no esta dentro de mis pretensiones de asco, y menos si la persona a la que amo eres tú. Porque si algo me has enseñado es que sin ti estoy perdido. Parece que mi salvación es amar a una mujer, y sin ninguna duda esa eres tú. Me he convertido en un fanático de tu dulzura, tan sólo me queda seguir el guión y no tropezar con mi propio vértigo.

Y así, como el lobo que aúlla, aullé para convertirme en lo que soy, la imperfección hecha persona, en busca de complacer al resto de imperfectos con mis frases mal tildadas y mis ideas mal estructuradas, al fin y al cabo, la perfección, como ya he dicho, es inalcanzable. 

Y sin quererlo, un breve viaje a lo olvidado ha acabado siendo un nuevo acertijo. Puedes intentar descifrarlo. En el caso de que no lo intentes, ya sea por vagueza, por simpleza o por conformismo, déjalo, este no es tu sitio.

jueves, 28 de julio de 2016

Grillos

Hoy he salido de cuentas, y por decirlo de alguna forma he pagado mis deudas. He mantenido mi inquietud como quien sonríe a la muerte sin pestañear. Jamás encontré el espejo de mi alma hasta que conseguí caminar sobre brasas e infierno.

El rumor del arisco viento veraniego seduce mi pintoresco gesto risueño y me cuenta un cuento difícil de contar. Habla del pecado original, como mirlos jugueteando con el horizonte me comenta que prepare mi maleta, que el viaje va a ser largo. 

Desde entonces no me importa encender la luz, ni obviar las agujas, no me importa comprar un te quiero, ni vender un perdón. 
Cierro los ojos y me resulta extraño ver claridad donde antes había oscuridad. Claro que la facilidad oprime mis capacidades de aflicción, escasas actualmente. La sal ya no escuece, ya no duele. Ya cosí el descosido de mi piel y no fue para tanto, los "adultos" ni si quiera tenemos lágrimas. 
Ayer volví a mirar la Luna, ayer volví a mirar sus escamas escondiendo la perfección de quien sabe que esto no tiene fin. También protege sus ruinas cerebrales, sus grietas temporales. 
Ha aprendido a mojar mis labios y a no quemarse, a mojar mis labios y no quemarme, ha aprendido a quererme, y no matarse.
He llegado incluso a considerarme asesino por las cosas que rompo, pero la estupidez me ha dado un respiro, he cambiado de profesión. Me da fatiga no querer, me angustia el silbido del que anda sólo en una habitación vacía con el eco de sus pensamientos rugiendo. Me parto en dos si llueve descoordinadamente y sus alas no se mojan por igual, el vacío esta muy cerca, y la salvación también.

Quiero ser apoyo, trapo, verdugo, maestro, chef, mago, escapista, jurista, azúcar, veneno, serpiente, valiente, perenne, beodo, sabio, fiel, daga, escudo, mochila, oasis, agónico, tenaz, hábil, ladrón, mordaz, reloj, arena.

Quiero entender su experta inteligencia y su viva dulzura, y en tal caso agarrarla con un sin fin de posibilidades de salvación. No es posible morir en el intento ni caer en locura porque su resplandor brilla más que cualquier otra cosa. Su voz es un cantar de grillos coordinados en una serenata nocturna. Su olor es un reflejo de la exquisita excelencia lindando con la paz alborotada. Llamé a la puerta, y aquí estoy, vine para quedarme. Enséñame ese tango suicida, quiero aprender.
Tanto me ha cambiado que soy feliz, cuando la veo o cuando la pienso, cuando me toca o cuando susurra, tanto me ha cambiado que soy feliz. Sigo escuchando las olas del mar, donde comprendí que no hay más allá, después de ti.

Gracias, no es fácil enamorar a lo que antes era una estatua de sal.

miércoles, 15 de junio de 2016

Rfx

Quisiera hablar de mi retrospectiva, de mi sufrimiento retrospectivo. Ya no es por el uso excesivo y pomposo de la retórica, pero me satisface embellecer las palabras, incluso cuando hablo de violencia.
Quizá en esta época la sucesión de golpes y genocidios se derive de un soplo de estupidez en la nuca del hombre, pero es evidente que la frecuencia de estupidez se convierta en biología, y la ausencia de ésta en virtuosidad. Si ya de por si la virtud entraña gustosos calificativos, en este caso la ponderación es brutal.
¿En qué nos hemos convertido? La violencia ha sido inherente durante todo nuestro ciclo pero, bajo mi punto de vista, antes solía tener causas, normalmente irracionales a mi juicio, pero causas. Siempre se hizo enlace entre un objetivo y la violencia como magnitud referencial de esta meta. Ferocidad y lucha mostraban atisbos de victoria, e incluso hombría. Que se le va a hacer, de algún recoveco debe venir la idiotez. Pero lejos de juicios morales, la violencia era un arma de conquista, de poder, de rebeldía. Pero no quiero hablar de esa violencia, quiero hablar de la estupidez humana, es decir, de la violencia contemporánea. Si, así es, parece creación del siglo XXI y efectivamente lo es.
Seguramente desvaríe y salga a dar un paseo fuera del tiesto de la realidad pero puesto a hablar sobre "gilipolleces" me lo voy a tomar en serio. Normalmente el placer viene respaldado por actos o cosas agradables, diría que incluso algunos son universales. Otros son infrecuentes, teatrales. Los hay carnales, asociados a la acción, al miedo, a la adrenalina. Pueden asociarse a la adicción. Los hay adictos al crack, a la heroína, al sexo, al juego, al dolor, al reggae y al jazz, y cómo no a la violencia. Exacto, el placer de asesinar, dañar, juguetear con el pánico social. Pero quiero ir más allá, ya no sólo hablo del placer concentrado en el acto, sino del placer motivado por el sufrimiento ajeno, por visualizar desconsuelo, penuria, tortura.
Quizá ya no sean los golpes, sino los crochets psicológicos. Hoy cualquiera puede conseguir placer, se vende barato, pero justo han escogido el más costoso. Observamos, sentados en nuestros cómodos sillones, cómo seres humanos pincelan cuadros sangrientos en cada telediario, sintiendo cada toque de pintura. La sangre esta fresca, y nosotros sacamos la lengua. No digo que nos alimentemos únicamente de violencia social, pero es capaz de saciarnos como cualquier orgasmo en mitad de la madrugada. Nos gusta la violencia, amamos la violencia, incluso llegado un punto de privación total de esta droga, pagaríamos por violencia. 
¿Cómo se erradica esta masa de hienas hambrientas? Si estuviera clara la causa de la violencia, existiría una mayor facilidad, pero el mayor rompecabezas es el sinsentido mundial respecto a este tema. Incluso podría catalogar a la violencia de necesidad. Antes las personas si sentían apatía, o incluso tedio, jugaban al ajedrez. Hoy, organizamos un festival de fuegos sangrientos y nos vamos a dormir. Igual el ajedrez dejó de ser divertido. Igual el "ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego" cumple las expectativas de Gandhi. Igual el exterminio humano esté en casa.

Por mucho que busque conclusiones son demasiado retorcidas y desagradables. Lo peor que se puede perder es la razón. Una mente irracional puede ser causante de los peores desastres mundiales, pero un mundo irracional puede ser aun más caótico, incluso más que jugar al ajedrez.

sábado, 14 de mayo de 2016

6.

Llámalo pericia, fatalidad, incluso fortuna caminar sobre la cuerda floja. Mirlos sobre el tendido, nenúfares en el fango. Pétalos que caen, apóstoles embusteros en busca de algo, que ni conocen. 
Redobles de sirenas en el océano, pumas en los Balcanes, tornados en Madrid. 
Llámalo raro. El destello del faro, la esfinge solitaria, la ninfa desvestida, la ruina oxidada.
La reina en tirantes, el rey destronado.
Es retorcido, coger los estribos, arder el frío. Búscame perdido cuando lo ordene el tiempo, me largué sin reloj y con un cigarrillo.
Quiéreme del revés. 
Mis latidos sincopados, mi belleza, marchitada. Mi flor en barbecho, el sueño, tachado.
Forja los añicos del espejo, quizá veas mi reflejo. Quizá no. Quizá reconozcas mis ojeras, quizá compartas la ilusión. Vísteme despacio, que tengo prisa. No corriendo, no pienso poner la zancadilla.
Llámame valiente o sin alma. Cántale al rocío o a la noche, al murciélago o a la hormiga, al sudor, o al desprecio.
Miénteme si vengo con reproches, incluso si pido explicaciones. No quiero verdades, quiero falsas verdades, me gustan los acertijos.
Me gusta tu boca, tu voz, tu llanto y tu olor. Tu piel y sus asperezas, tus dedos, su delicadeza. Tu pasado remachado, tus ojos enamorados. Tus colillas en el cenicero, tu insomnio crónico y tu dolor permanente. Tu sangrado en repetición, hasta tus días de guillotina. Tu café amargo. Tus dientes largos. Tu cicatriz. Tu costura. Tu factura caducada. Tu mirada subastada. 
Tú, el enigma de tu tristeza, la razón de mi mueca.  
Llámame holgazán, farsante, risueño, lobo desquiciado, tacaño, aburrido, apagado, intenso, faquir, mentor. 
Cúrame el corte con saliva, el periplo de mi historia anda escondido entre el musgo.
Quítale al creyente sus ínfulas, resolverás el misterio.
Llámame amor, responderé.


jueves, 5 de mayo de 2016

La semilla.

Miro por la ventana y les observo,
no me gustaría estar en su piel me digo.

Es más, 
si fuera ellos desearía no haber nacido,
pero que mas da, 
no conocerán otra realidad.

Ésto es pequeño. Apenas mi habitación sostiene unos pocos libros, la mayoría cubiertos de polvo. Se salva el perfume de mi cama. Los rostros cubren mi pared como deseando ser recordados, me echan de menos. Yo a ellos no, ni les recuerdo.

Puede sonar algo retorcido pero hasta siendo un hijo de puta, a veces éste siente piedad. Sentir como las cucarachas entra por tus oídos y se comen tus sesos, y al fin y al cabo, el hijo de puta siente dolor.
Muerden y muerden hasta desgastar la valla de seguridad. Sabéis, ¿no? Aquella que provoca inmunidad a la culpabilidad. Te protege de zorros nocturnos con pelo rizado. Bien, pues cuando esa valla se va a la mierda tienes un deseo irrefrenable de juzgar tus palabras. 
Esta vez no son de película de terror ni tampoco lirios, como los de Bukowski. Podrían asemejarse a una mezcla entre osezno y lobo hambriento. Mientras uno escarba con sus garras, el otro clava no sus colmillos, sino sus ojos.

Pudiera ser que no encontrara el quinto elemento y no entendiera nada, como es el caso. Que recae en continua niebla cada vez que el público se vuelve en su contra y le regalan espinas, nada de rosas.

Pero también pudiera ser que la retroalimentación de culpabilidad tuviera tallo y semillas. Nos pasamos la pelota. Y me decanto por la triste planta, total, sólo es una triste planta. 

Siempre se pone el paraguas por no hablar de su gruesa piel, un tanto reseca. Es como el completo conocimiento del verso, de cabo a rabo. Posteriormente viene el lamento acompañado de sopesar. 
No creo que sea rencor, ni tampoco antipatía, sólo fobia y un tibio pasado. Y es triste, claro que lo es, ver un rostro apático cuyo única intención sea no cruzarse en tu camino. El problema es que cruza las calles demasiadas veces, y así se transforma en algo utópico. La metamorfosis de la carne, en carne.
La metamorfosis del estorbo, en obstáculo.

Pagaría por conocer el germen, y el posterior contagio. ¿Fue una lluvia ácida de complejos? ¿Al huir tropezó con el miedo? ¿O conoció lo desconocido y chascó su sonrisa? Vaya fiasco.

A veces pienso como sería entrar en un ataúd aún vivo. Y verdaderamente, el hedor a malvas sería terrible. Pese a todo ello, su alterego ha construido un establo en ese estado mental. Es la viva imagen de una rama rota por un misterioso rayo. La incógnita es el rayo. Tuvo que ser un huracán de hachazos mentales, o peor, de quemaduras sensoriales.
El problema de las quemaduras no es tanto el dolor como la huella en la piel. No es el hecho del descosido sino el de mirar de reojo la cicatriz, porque no puedes mirarla de frente. No es el hecho de correr, sino a dónde.
A juzgar por su puzle, faltan piezas. Las ha escondido por no verlas, como jugar al escondite con flexo.
Poco a poco empiezo a entender, pero, es tarde, ¿verdad? Si ya no puedo sanarle, es tarde.

Encerrado. Quizá no tuvo suerte con sus tres peones del tablero. Cascarrabias y malhumorados, ansiosos por ser islotes, insolentes, malos poetas, refugiados de la soledad. Lo mamas desde tan arrugado que te cansas a las primeras de cambio. La esperanza escapó de sus manos, voló la esencia, como el efecto del azúcar flotando en el café, un engaño.
El consuelo está en lo menos malo, en el amor. De eso si que no hay duda aunque ya no den mordisquitos en los pellejos de sus labio.

Tras montones de teorías y hornadas de discrepancias, desconozco la correcta. Vivir con una nube de sombrero no debe ser muy gratificante. Ser un incomprendido mientras tu virtud es in-comprender, tampoco lo es. Como una lucha de espadas, las dos melladas. 

Y estrujando mis inquietudes, aleteo, quizá la pluma reviente. ¿Recordáis al hijo de puta? Se despide. Quizá, deje de ser azúcar en su vida. 

Café sólo por favor.