Pasan las horas en mi quebrada cabeza y
yo sin intención de amueblarla,
ya son demasiados pedazos,
cientos me faltan, muertos sin alma.
Llega la noche y viene la calma,
de seda como siempre,
bella y castigada por los locos sin reproches que la lloran por venganza.
Mi mirada, fija al lamparón,
¿pedir perdón?, jamás creeré su sermón,
cansada de que el rocío acompañe a la brisa,
de que sus poesías incumplan sus premisas.
Todo da vueltas en esta ruleta,
la vida se asoma y cierra la puerta,
adiós coqueta,
nunca vuelvas en primavera.
Cuando ella despierta el aire se agota,
fantasmas del ayer con olor a mujer,
la piel rota,
vuelve a besarme otra vez.
Mañana volveré a nacer,
con su brillo o sin él,
como el que sueña por placer
y malgasta su llanto por haber reinado en su mundo cruel.