lunes, 4 de mayo de 2015

Bálsamo y sombra.

Pasan las horas en mi quebrada cabeza y 
yo sin intención de amueblarla, 
ya son demasiados pedazos, 
cientos me faltan, muertos sin alma. 

Llega la noche y viene la calma, 
de seda como siempre, 
bella y castigada por los locos sin reproches que la lloran por venganza. 

Mi mirada, fija al lamparón, 
¿pedir perdón?, jamás creeré su sermón, 
cansada de que el rocío acompañe a la brisa,
de que sus poesías incumplan sus premisas.

Todo da vueltas en esta ruleta, 
la vida se asoma y cierra la puerta, 
adiós coqueta, 
nunca vuelvas en primavera.

Cuando ella despierta el aire se agota,
fantasmas del ayer con olor a mujer,
la piel rota,
vuelve a besarme otra vez.

Mañana volveré a nacer,
con su brillo o sin él,
como el que sueña por placer
y malgasta su llanto por haber reinado en su mundo cruel.