miércoles, 15 de junio de 2016

Rfx

Quisiera hablar de mi retrospectiva, de mi sufrimiento retrospectivo. Ya no es por el uso excesivo y pomposo de la retórica, pero me satisface embellecer las palabras, incluso cuando hablo de violencia.
Quizá en esta época la sucesión de golpes y genocidios se derive de un soplo de estupidez en la nuca del hombre, pero es evidente que la frecuencia de estupidez se convierta en biología, y la ausencia de ésta en virtuosidad. Si ya de por si la virtud entraña gustosos calificativos, en este caso la ponderación es brutal.
¿En qué nos hemos convertido? La violencia ha sido inherente durante todo nuestro ciclo pero, bajo mi punto de vista, antes solía tener causas, normalmente irracionales a mi juicio, pero causas. Siempre se hizo enlace entre un objetivo y la violencia como magnitud referencial de esta meta. Ferocidad y lucha mostraban atisbos de victoria, e incluso hombría. Que se le va a hacer, de algún recoveco debe venir la idiotez. Pero lejos de juicios morales, la violencia era un arma de conquista, de poder, de rebeldía. Pero no quiero hablar de esa violencia, quiero hablar de la estupidez humana, es decir, de la violencia contemporánea. Si, así es, parece creación del siglo XXI y efectivamente lo es.
Seguramente desvaríe y salga a dar un paseo fuera del tiesto de la realidad pero puesto a hablar sobre "gilipolleces" me lo voy a tomar en serio. Normalmente el placer viene respaldado por actos o cosas agradables, diría que incluso algunos son universales. Otros son infrecuentes, teatrales. Los hay carnales, asociados a la acción, al miedo, a la adrenalina. Pueden asociarse a la adicción. Los hay adictos al crack, a la heroína, al sexo, al juego, al dolor, al reggae y al jazz, y cómo no a la violencia. Exacto, el placer de asesinar, dañar, juguetear con el pánico social. Pero quiero ir más allá, ya no sólo hablo del placer concentrado en el acto, sino del placer motivado por el sufrimiento ajeno, por visualizar desconsuelo, penuria, tortura.
Quizá ya no sean los golpes, sino los crochets psicológicos. Hoy cualquiera puede conseguir placer, se vende barato, pero justo han escogido el más costoso. Observamos, sentados en nuestros cómodos sillones, cómo seres humanos pincelan cuadros sangrientos en cada telediario, sintiendo cada toque de pintura. La sangre esta fresca, y nosotros sacamos la lengua. No digo que nos alimentemos únicamente de violencia social, pero es capaz de saciarnos como cualquier orgasmo en mitad de la madrugada. Nos gusta la violencia, amamos la violencia, incluso llegado un punto de privación total de esta droga, pagaríamos por violencia. 
¿Cómo se erradica esta masa de hienas hambrientas? Si estuviera clara la causa de la violencia, existiría una mayor facilidad, pero el mayor rompecabezas es el sinsentido mundial respecto a este tema. Incluso podría catalogar a la violencia de necesidad. Antes las personas si sentían apatía, o incluso tedio, jugaban al ajedrez. Hoy, organizamos un festival de fuegos sangrientos y nos vamos a dormir. Igual el ajedrez dejó de ser divertido. Igual el "ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego" cumple las expectativas de Gandhi. Igual el exterminio humano esté en casa.

Por mucho que busque conclusiones son demasiado retorcidas y desagradables. Lo peor que se puede perder es la razón. Una mente irracional puede ser causante de los peores desastres mundiales, pero un mundo irracional puede ser aun más caótico, incluso más que jugar al ajedrez.