Folio en blanco y tinta espesa, otro motivo más sobre la mesa.
La niebla es exiliada de su boca sin ningún destino, únicamente el entredicho de lo que no dijo.
La inspiración vuela con sus alas color marfil, labios carmín, lienzo inesperado. El Sol cae desplomado, absorto por su belleza, mientras la Luna recelosa por aquello busca un regazo en el abúlico infierno.
La inspiración abrumada por su brillo, camina por el frígido pasillo, sin compañero de viaje ni delicado traje.
La inspiración, cómoda en su delirio, baila sin cesar hasta el suicidio, ignorante de sus adeptos. Todos aclaman su delicado perfil, hecho de mármol francés, capaz de reflejar sollozos de amor, de apego y de pasión. Rozar su melena origina fantasía, flotar sobre las nubes del edén sabiendo que su amor es absurdo y ficticio, colérico e ideal. Inalcanzable para las manos de un simple mortal.
La inspiración, rosa y espina a la vez, musa y condena. Mujer.
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