sábado, 27 de febrero de 2016

La Bohème distrait

Arráncame la piel a tiras, deshilacha mis recuerdos y resquebraja mis sentidos, un silbido en mi cabeza que habla de juerga y esperpento, de amor y de belleza que me provoca espasmos llevaderos, neuronas perdidas en busca del futuro y su desdicha, incluso sin tener en su agenda al presente. 

Hoy secuestro a las dudas y las alimento con hojas secas, me replican mi cordura y mi vagueza, mi falta de extravagancia. Engullen titubeos al más mínimo amago, cometiendo el error de escupirlos. Trago saliva, mis labios se marchitan. Florecen las ideas mientras tarareo primavera. Tras un vendaval de suspiros y tres o cuatro latidos sincopados mi faro se ilumina y la marea me acompaña a la orilla. Las conchas andan de paseo y la arena se agolpa por rozar mis pies descalzos. 
El rocío de la mañana desvaría, dice que es de día y me desvela. 
-Ayer te vi morir entre mis sábanas de lira, donde lo onírico renuncia a la corona. ¿Qué te ocurrió? ¿Tropezaste con la vida y sedujiste a la muerte?
No.- dijo el sabio- Claudiqué al amor.
- ¿Por qué cometiste tal disparate?
- Los escritores de verdad no saben ser felices. 

jueves, 4 de febrero de 2016

Amor crucificado.

Apenas un instante y cae del cielo. Con sus canas grisáceas y su piel escamosa, con sus vicios insanos y el alma rota.
Apenas un instante y recuerdo su llanto, triste y sobrio, mientras ardía su cigarro.
Apenas un murmullo y deliro entre sus brazos, tenues y consumidos por el paso de los años.
Apenas un ladrido y mi piel limita con el recuerdo, cuando la mañana te cogía en brazos y nunca te soltaba.
Desde que no estás el silencio se solapa, el pasillo advierte de tu retiro, Noviembre echa el ancla y se cuela en mi cama.
Desde que no estás mis sueños son sombríos, tus venas me recuerdan que el tiempo pasa, y que los años pesan.
Llegó el día que la marea te llevó y dijiste adiós. Adiós a las pupilas enamoradas y a mis malos modales, a mis risas nocturnas y a vuestras riñas insoportables, a tus caricias sinceras, a tu mirada cómplice, al cristal roto, al reflejo punzante.

Llegó la noche en la que me vi sólo, con un par de monedas y mis entrañas vacías. Mis sueños repetían miseria y melancolía. Vivía de la limosna de unos pocos desgraciados, creían en mi salvación, les sobraba descaro. Quítate los zapatos. La tristeza me muerde el labio y dice que rezar es secundario, que suspirar es de cobardes y que cierre con candado.

Así que partió sin rumbo fijo hacia el mundo de los olvidados. Yo me mantuve apartado, rezando a un dios que no me hacía caso y desnudando mi memoria a cada paso, sintiéndome preso de mi amor averiado, ya que sin ti, ¿tengo reparo?