Él se consumía atestado de mentiras, vivía de la limosna de su sonrisa y de su dulce antipatía. Hasta sollozaba por rozar su brisa, por estrechar su alma y trazar su risa. Se moría de ganas de curar heridas, mientras otoño cerraba la puerta, invierno fruncía el ceño, el reía, no se atrevía a saltar tejados ni a pintar auroras. Esbozaba ternura en su lienzo desusado. La catarsis oscureció el cielo y lo manchó de dolor. Delirium. Viajó del éxtasis a la oquedad, al mundo vacío, al verso sombrío. Llenó el redil de canciones lúgubres y en un traspiés volaron al atardecer.
- Su llanto tenue envolvía mi pena.
Pregunta al poeta dijo.
- Sábanas blancas, caricias de seda.