Al filo de la navaja, vacilo sin tapujos a aquel que quiera morder la manzana, vendo mi suerte a quien haya perdido la suya, a quien este dispuesto a encender la llama y arrojar los dados al tablero.
Esto es de valientes, de tirarse al vacío sabiendo que que el fondo es oscuro, pero no por la ausencia de esperanza, sino por lo desconocido que es un lugar lejos del conocimiento. La vida es oscura, una oquedad, un foso sombrío, sólo debes iluminarla.
Y entre escalón y escalón, tropiezo tras tropiezo, debes proclamarte vencedor en la batalla, jurar venganza y subir a los cielos donde la valentía es la mayor de las virtudes.
¿Y una vez allí? Contemplar el vacío, quizá esté lleno de luz, y la oscuridad haya dejado paso a la eternidad.
Conseguiste mellar mi navaja, y parece que las almas no se compran por 30 monedas.