es sentir que la inspiración te devora. Te da alas.
Te mata y te enamora. Agoniza pidiendo versos, como a quién le falta el aire, derramando pinceladas de amargura. Siente el abrazo de la pluma acariciarla, custodiándola, frágil hoja, mermada de caricias, tan suaves como apáticas buscando libertad.
Brisa de aire fresco recorre la habitación, y con ella las palabras olvidadas, renegadas de su puesto de princesa, buscan claudicar del abismo, alzándose en su declive, ahogándose en el mar de los tiranos que buscan la realidad y sólo encuentran tempestad.
Artífice de mis textos, mi alma brota de noche y desfallece de día, brinda con champagne el fin de sus días, amaneceres perdidos en el tiempo pasado, noches largas sin luces parisinas.
Busco razones pasionarias, motivos arriesgados,
consecuencias del pasado despiertan este pobre infeliz.
Me das causas, y daños colaterales,
pretexto para este atrezzo con principio,
pero falto de final.
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