¿Quieres ser libre?
Puedes vivir solo o acompañado, luz o penumbra, pero nunca renuncies a nada.
Puedes nadar libre o a contracorriente, con impulso o sin el, pero nunca renuncies a nada.
Puedes tener sitio en el cielo, o en el infierno, en lo alto o en lo vil, pero nunca renuncies a nada.
Puedes ser de abrazar o besar, o quizá lo tuyo sean los suspiros, pero nunca renuncies a nada.
Puedes querer salvar el mundo o aunarte a su consumación, pero nunca, nunca renuncies a nada.
Puedes tener fe o prescindir de devoción, tener un dios o propiamente serlo, pero nunca renuncies a nada.
Puedes querer o despreciar, anhelar o maldecir, pero nunca renuncies a nada.
Puedes ser tú o no serlo, actuar o perecer, pero jamás renuncies a nada.
Puedes ser de negro o blanco, rubio o moreno, pero nunca renuncies a nada.
Puedes ser rey o plebeyo, reina o vulgo, pero nunca renuncies a nada.
Puedes vender tu alma o pugnarla a los naipes, hasta saciar tus ganas.
Puedes ser verdugo o justiciero, loco o esbirro, pero nunca renuncies a nada.
Puedes ser escritor o músico, amaestrar las palabras o domesticar los oídos, pero nunca renuncies a nada.
Puedes nacer o morir, avivar la llama o mitigarla, pero nunca renuncies a nada.
Puedes ser nómada del delirio o sedentario de la pena, aliviar tus destrozos hasta soñar con ella.
Puedes ser ángel o demonio, alas o velatorio, pero nunca renuncies a nada.
Puedes ser bohemio o maestro de sonrisas, enmudecer y escribir o vocear alegrías, pero nunca renuncies a nada.
Puedes ser un mecenas de lo absurdo o jugar al despiste, triste afán callejero, pero nunca renuncies a nada.
Puedes amar o callar, arista carmesí.
Servidumbre en el corazón, cuando todo se marchita en la perdición, sólo nos queda huir al edén donde el astro salvador emigra receloso del acoso de las ánimas. Bellas damas del pecado.
Sin lienzo donde trazar, perfilo libertad en la bóveda celeste, un vagabundo más en la rúa, busca a su dama perdida en la ambición. Nunca renuncies a ella. Nunca renuncies a la libertad, te aguarda desvelada con su holgada melena.
Jueves fúnebre sin serlo.
El cielo llora sobre los miserables sin fortuna.
Buscan refugio pero agonizan, buscan amparo pero sucumben.
Sin motivo por el que vivir renuncian a caer.
Pianos nocturnos envuelven los versos y yo privado de conocerlos.
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