miércoles, 10 de septiembre de 2014

21 gramos.

Rosas negras en el camposanto,
murieron rozadas por el suspiro de la muerte,
olvido de tantos.

Marchitadas se fueron,
corroídas por el paso de los años,
perecieron ante su póstumo retoño.

Ahora yacen en idéntico lugar,
no pueden emigrar a cielos más lejanos.

Buscan cobijo donde el Sol nunca asiste,
donde la lluvia y sus tormentas reinan en tal sórdido lugar.

Nadie ofrece miradas, nadie encuentra palabras. Nadie busca el perdón, ni recoge un lo siento. Nadie rompe a llorar por heridas de penuria. Nadie ni si quiera se pierde en las frías calles del cementerio. 

Todas las rosas negras con espinas forman un oscuro traje de sombras, la muerte es elegante. Viste de traje y corbata y llama a la puerta una vez por solsticio. No encuentra víctima eternamente, pobrecito mártir vestido de soldado. Mano negra en un mundo de engaño. 

Terrible condena impuesta desde los cielos, bendita traición por 30 monedas. 
Bendita traición por 21 gramos de alma que Dios sabe donde acabarán.


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