Desde que no estás las nubes no se marchan
el cielo se envenena y los pájaros no cantan.
Desde que no estás mi alma anda encallada,
frustrada por no encontrar a su amada.
Desde que no estás mi pecho es álgido,
como el fuego en exceso, como el hielo en defecto.
Desde que no estás mis días mueren antes,
Desde que no estás no encuentro el camino,
el bien y el mal pelean por mi bendición.
Desde que no estás no creo en Dios,
él no me dio señales de tu adiós.
Desde que no estás sufro cada día,
todas las puertas me dan la espalda.
Desde que tú no estás yo no estoy,
sin musa a la que trazar en mi oscuro lienzo.
Desde que no estás mi corazón es un cabaret,
sin bailarina a las que perfilar.
Rubia la cerveza y oscuro el corazón,
por mis vicios y virtudes.
Negros mis pulmones y blanco mi desazón,
billete de ida hacia el olvido.
Cuando la voz aclama perdón, dime cual es la balanza, cual es el rito a seguir, si confío en el diablo o me resigno a huir. Dime si la vida me prepara algo, si mis sueños son condenas por encargo o si mi cabeza se limita a mostrarlos. Dime como huele el invierno, por qué tú te llevaste todo y dejaste el infierno. Tan sólo un frío mundo de tristeza, un simple infierno. Pactar con el demonio o negociar con los ángeles caídos. Sus cuernos se tornan débiles y las quimeras gobiernan. Sus alas se han consumado en papel, rasgadas al nacer.
Dime si todo esto es tan sólo anhelo por el pasado, que fue exiliado del presente por no querer quererle.
Desde que no estás, desde que tú no estas, sólo encuentro pena...
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