No engañes al abismo con tu vértigo, aún que sólo sea el fiel descaro de tus intenciones.
Muestra tu dictadura a tus fieles, vive deprisa, muere despacio, muerde el silencio y mata vilmente hasta que el más ínfimo latido engulla al océano.
Recita poesía como el que besa unos labios, hasta desgastar la tinta y empapar el papel.
Fuma de pipa haciendo surcos de dolor con el humo de la tristeza, y ahí, conocerás el delirio de grandeza.
Sea por delicadeza o simplemente por la espesa bruma del rocío, salta al vacío, el abismo es un traspiés en manos del poeta.
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