domingo, 5 de enero de 2014

Vida.

Hacía demasiado tiempo que no me sentaba a escribir, ya sea por falta de tiempo o por falta de sentimientos que quieren salir a relucir. Había olvidado esta sensación de libertad.
La soledad me ha dejado, con la miel en los labios, con mil problemas descalzos, que sólo buscan salida en este laberinto onírico creado a razón, a traición, por el miedo a perderme en la espesura de la niebla y la marea de las aguas.
La vida es un frasco vacío, esperanzador almacén, que espera ser llenado, ¿de qué?, es evidente, ¿no?.

No importa la cantidad de cosas que ocupen el frasco, pero si la belleza (no hablo de la visible). Belleza pura, capaz de enamorar y atraparnos en un mundo perfecto. Lo importante es la holgura de las cosas en el recipiente, que hagan que el frasco rebose de sentimientos y emociones, que provoquen mas de lo que causan, que nos hagan volar, alargar la cadena que nos ata a la vida. No soy de los que hablan de la libertad total, o por lo menos intento no hacerlo. La total libertad nos haría olvidar lo querido, revivir lo inesperado y explorar mundos nuevos. Ésto último no está nada mal, pero nunca debemos olvidar lo importante. Por eso quiero recalcar la importancia del contenido de nuestros recipientes. Porque la verdadera belleza es mantener lo obtenido, vivir tranquilo y con la seguridad de olvidar lo perdido. Pierde rotos, vuela con o sin alas, ellas sólo son el reflejo de nuestros deseos, haciéndonos creer capaces de todo, y capaces de nada, pudientes vendados.

La llama se apaga poco a poco por el frío de la madrugada, los árboles susurran, las almas lloran desconsoladas por vivir olvidadas, demasiadas trabas para recipientes vacíos que hoy arden sin descanso en el frío de la madrugada.

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