Mismo camino de la amargura firman mis pies desnudos, la huella probablemente se desvanecerá al amanecer, con la escarcha sinuosa y las marcas en mi piel, pero no, no llores mujer, no todos sabemos lo que es querer. Sólo anticipamos lo que queremos tener, sin ser conscientes de que querer es poder, y de que las lágrimas no sirven de burdel de los deseos, sino de coliseo aciago del amor, insaciable de madrugada hasta ver la luz del Sol, vulnerable cuando brota del corazón.
Mismo camino de la amargura firman mis labios averiados, la huella probablemente se desvanecerá al anochecer, cuando las luces se apaguen y el recuerdo también, cuando las espinas de este whisky alivien mi sed, y el dolor oprima este pecho, ansiado de latir, por tu iris, por tu yo qué sé.
Mismo camino de la amargura, una y otra vez. Y este muchacho, vacío por dentro y medio lleno por fuera, conoce de atajos pero no esta vez, porque a veces es peor la cura que la enfermedad, y tantas veces fue así, que si las veces fueran años mis arrugas mostrarían mi vejez, pero esta vez no lidiaré con la pared, soñaré despierto si me falta fé, y moriré muerto si me sobra tu querer.
Mismo sueño ilusionante, una y otra vez, misma realidad agobiante, luna tras luna, de lejanía y tristeza, de llantos y asperezas, de ojos que aún están por vestir, de consignas que aún están por decir, de labios, que aún están por sentir, de sueños, que aún están por cumplir.
Deja que mi alma juegue en tu edén, que haga trastadas con tu piel.
Envuelve mi llanto, él no quiere salir.
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