Vuelo por cortesía sobre las colinas de mi mente y mis entrañas se dan un revolcón con la realidad.
Recapacito e intuyo que el problema es mas nublado que la espesura mas tenebrosa, que sufro de miedo, que vivo aterrorizado a ser el foco de las cámaras y no conocer mi respuesta. Os presento a mi mente, juega con sus hermanas pero con distancia de precaución para mantener mi invisibilidad intacta.
Sufro terrores sociales, la catarsis se apodera de mi en situaciones forzadas, donde el guionista es otro y yo poseo el papel principal.
Sufro si sus pupilas se fijan en mi presencia cuando mi intención es esconderme en mi sombra, desgastada de cobijar sonrisas desmedidas tras un falso telón de tristeza.
Sufro de delirios de grandeza si soy destinatario de halagos, cuando siento que sus palabras escupen sangre y sus ojos sinceridad. Qué importa pulir mi encanto si tan sólo basta para subastar el marco, y no el cuadro. Si con el arte de las palabras no soy capaz de fascinar, ¿qué me queda?, si la poesía es la mayor de las virtudes.
Que me queda si no estoy conforme con como soy, si sólo encuentro almas de alquiler, si mi voz se esconde cada vez que una dama atraviesa mi coraza y contemplan mi mente visible, en conflicto con la realidad.
Así me siento cuando algo no funciona, cuando su belleza es capaz de colapsar mi mente y pierdo trenes idóneos para salvarme de la soledad más absoluta.
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