lunes, 6 de abril de 2015

Vuelvo a las andadas.

Soledad otra vez, siempre en primavera y sin llamar a la puerta. Cuando aparece me vuelvo consciente de que mi vida es cíclica, con inicio y nudo, pero sin final dichoso. Es un pozo que cada vez se hace más profundo y ni si quiera veo el fin, la oscuridad lo envuelve. Son etapas que se repiten pero cada vez con mayores heridas. En el tramo intermedio viene la soledad, acompañada de mil noches sin dormir y mil días de penuria. Me vuelvo ausente y nadie me echa de menos, me autodestruyo, disparo tras disparo me debilito, no tenerla me devora, noto el vacío. Quizá deba acostumbrarme a crecer sólo, sin otro alma a quien amar. Cuantas veces he perdido, cuantas veces sufrí cicatrices, cuanto tiempo tardarán en curarse. Mañana será igual, otra página en mi libro absurdo donde sangro más de lo que escribo. Mañana será igual, sólo y sin ganas de nadie, sin ganas de salir ahí fuera y consolarme, sin ganas de buscar a alguien donde apoyarme, porque mi pecho parece un desierto, un oasis sin esperanza. Su beso me dejó sin aliento. Ahora toca esperar a la siguiente etapa de mierda donde mis yemas buscarán el fondo perdido entre tinieblas. No es que esta vez haya sido mi peor pesadilla hasta entonces, es sólo que me cansé de vivir a remolque y desgastarme, de resucitar cada mañana y claudicar en primavera, esta vez fue diferente, mi corazón envejeció, me siento traicionado como nunca antes, insignificante para ella, como si nunca hubiera existido. Me siento un tirano antes de su adiós.

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